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De perdidos al río

La llamada de lo salvaje, la emoción de la aventura. El error de toda una vida

De perdidos al río

5.6/10 · 734 votos
2004· 98 minPG-13

Tres jóvenes amigos penetran en la selva de Oregón en busca de tesoros perdidos. Allí, con una canoa como único medio de transporte, tendrán que enfrentarse a toda clase de dificultades: son perseguidos por dos granjeros chiflados, deben enfrentarse a peligrosos rápidos, a unas hippies colgadas de los árboles y, por fin, a un excéntrico viejo que vive en las montañas.

IMDb ↗

Dirección

Steven Brill

Guion

Fred Wolf, Jay Leggett

Estreno

2004-08-20

Duración

98 min

Clasificación

PG-13

Presupuesto

$19M

Recaudación

$70M

Idiomas

English

Dónde verlo

Incluido en suscripción

Netflix
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Alquiler

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Compra

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Datos de JustWatch vía TMDB · Disponibilidad en España

Parte de la saga

De perdidos al río - Colección

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Sinopsis

Tres jóvenes amigos penetran en la selva de Oregón en busca de tesoros perdidos. Allí, con una canoa como único medio de transporte, tendrán que enfrentarse a toda clase de dificultades: son perseguidos por dos granjeros chiflados, deben enfrentarse a peligrosos rápidos, a unas hippies colgadas de los árboles y, por fin, a un excéntrico viejo que vive en las montañas.

Temas

Reparto principal

16 actores

Reseñas

M

Marco-Hugo Landeta Vacas

agosto de 2026

2/10

(CASTELLANO) *De perdidos al río* tiene un problema bastante difícil de superar para una comedia: no hace gracia. Puede parecer una obviedad, pero alrededor de ese fallo se construye prácticamente todo lo demás. La película reúne a tres amigos, los lanza a una aventura absurda y encadena situaciones diseñadas para provocar la risa mediante golpes, accidentes, equívocos y personajes extravagantes. En teoría. Porque en la práctica casi nada funciona. La película pertenece a ese tipo de comedia que parece convencida de que cuanto más ridícula sea una situación, más divertida resultará automáticamente. Y no es así. Una estupidez puede ser divertidísima cuando existe ritmo, personajes o una construcción cómica detrás. Aquí muchas veces solo queda la estupidez. Matthew Lillard, Seth Green y Dax Shepard ponen energía, pero el guion les da muy poco con lo que trabajar. Los tres deberían sostener la película mediante su amistad y su química, pero la relación entre ellos resulta demasiado escrita, demasiado pendiente de llegar al siguiente chiste o al siguiente accidente. Y cuando esos chistes fallan, queda muy poco. Hay caídas. Gritos. Golpes. Animales. Situaciones supuestamente disparatadas. Y una sensación creciente de estar viendo una película esforzándose muchísimo por ser divertida sin conseguirlo. Eso acaba siendo agotador. Pero todavía funciona peor cuando *De perdidos al río* decide que debajo de toda esa tontería existe una historia emotiva sobre la amistad, crecer, recordar el pasado y recuperar aquello que unía a sus protagonistas. Ahí llega la parte moñas. Y tampoco funciona. Porque para que una película pueda pedirnos emoción después de pasar buena parte del metraje haciendo el tonto necesita que previamente nos importen sus personajes. Aquí apenas hay suficiente profundidad para conseguirlo. De repente los chistes paran. Los personajes hablan de la vida. La música nos avisa de que ahora hay que emocionarse. Y resulta completamente artificial. Ese cambio de tono es probablemente uno de sus mayores problemas. No consigue ser una comedia realmente salvaje ni tampoco una historia entrañable de amistad. Se queda en un terreno intermedio donde lo gamberro parece demasiado blando y lo sentimental demasiado forzado. También sorprende que una premisa de aventura tan sencilla resulte tan poco aprovechada. Tres amigos siguiendo una pista, perdidos en plena naturaleza y enfrentándose a situaciones cada vez más absurdas podía haber dado lugar a una comedia ligera perfectamente entretenida. No necesitaba mucho más. Pero incluso la aventura termina pareciendo rutinaria. La película avanza porque tiene que avanzar. Aparece un problema. Lo resuelven. Aparece otro. Nuevo chiste. Nueva caída. Y seguimos. No hay apenas sensación de descubrimiento ni verdadera emoción en el viaje. Solo ruido. Y quizá por eso la película parece mucho más larga de lo que realmente es. No me molesta que una comedia sea tonta. Muchas de las mejores lo son. Lo que me molesta es que confunda ser tonta con ser graciosa. *De perdidos al río* tiene tres actores perfectamente capaces de hacer comedia y una premisa que podía haber servido para pasar un rato agradable. Pero desaprovecha prácticamente todo. Los chistes no funcionan. La aventura apenas interesa. Y cuando intenta convencernos de que en realidad todo esto era una bonita historia sobre la amistad, ya es demasiado tarde. Una chorrada moñas que se supone que debería hacer gracia. Y prácticamente nunca la hace. (ENGLISH) *Without a Paddle* has a problem that is extremely difficult for a comedy to overcome: it is not funny. That may sound obvious, but almost everything else grows from that failure. The film brings three friends together, sends them into an absurd adventure and fills the journey with accidents, physical comedy, misunderstandings and eccentric characters. In theory. In practice, almost none of it works. This is the kind of comedy that seems convinced that the more ridiculous a situation becomes, the funnier it automatically is. That is not how comedy works. Something extremely stupid can be hilarious when there is timing, character or clever construction behind it. Here, very often, only the stupidity remains. Matthew Lillard, Seth Green and Dax Shepard bring plenty of energy, but the screenplay gives them very little to work with. Their friendship and chemistry should carry the film, yet their relationship feels too written and too focused on reaching the next joke or accident. When those jokes fail, very little remains. There are falls. Shouting. Hits. Animals. Supposedly outrageous situations. And an increasing sense of watching a movie work extremely hard to be funny without actually achieving it. That becomes exhausting. Things become even worse when *Without a Paddle* decides that underneath all this nonsense there is an emotional story about friendship, growing older, remembering the past and recovering what once connected these characters. That sentimental side does not work either. If a film wants emotion after spending most of its time acting ridiculous, it first needs to make us care about the people involved. These characters are simply not developed enough for that. Suddenly the jokes stop. They talk about life. The music tells us that this is the meaningful part. And it feels completely artificial. That tonal shift is one of the film's biggest problems. It is neither a genuinely wild comedy nor a convincing friendship story. It sits awkwardly between the two, with comedy that feels too soft and sentiment that feels too forced. It is also surprising how little the film does with such a simple adventure premise. Three friends following clues, lost in the wilderness and facing increasingly ridiculous situations could easily have produced a light and enjoyable comedy. It did not need much more. Yet even the adventure becomes routine. A problem appears. They solve it. Another problem appears. Another joke. Another fall. And on it goes. There is little sense of discovery and almost no genuine excitement in the journey. Just noise. I have no problem with stupid comedies. Some of the best comedies are extremely stupid. The problem is confusing stupidity with humor. *Without a Paddle* has three performers fully capable of comedy and a premise that could have produced an enjoyable diversion. Instead, it wastes almost everything. The jokes fail. The adventure barely matters. And when the film tries to convince us that it was really a touching story about friendship all along, it is far too late. A silly, sentimental comedy that is supposed to be funny. And almost never is.

Producción

De Line Pictures
Paramount Pictures

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