
Dirección
Klaas van Eijkeren
Guion
Klaas van Eijkeren
Estreno
2014-09-25
Duración
77 min
Idiomas
Français, Nederlands
Dónde verlo
Incluido en suscripción



Datos de JustWatch vía TMDB · Disponibilidad en España
Reparto principal
8 actoresReseñas
Marco-Hugo Landeta Vacas
agosto de 2026
(CASTELLANO) Hay películas pequeñas a las que el presupuesto limita. Y hay películas en las que el dinero no es el verdadero problema. *Patria* pertenece claramente al segundo grupo. Porque resulta evidente que Klaas van Eijkeren y su equipo hicieron un esfuerzo enorme para reproducir 1914 con unos medios mínimos. Uniformes, armas, trincheras, localizaciones y buena parte de la ambientación tienen mucho más trabajo detrás del que uno esperaría de una producción de este tamaño. Eso merece reconocerse. El problema es que una película no se sostiene únicamente vistiendo bien a sus actores. Y aquí prácticamente todo lo demás falla. *Patria* parte además de una historia real bastante interesante: jóvenes vinculados a los Países Bajos que, pese a la neutralidad neerlandesa durante la Primera Guerra Mundial y a mantener identidades mucho más complejas que una simple nacionalidad, deciden incorporarse a la Legión Extranjera francesa. Ahí había una película sobre identidad. Sobre pertenencia. Sobre qué significa realmente una patria cuando ni siquiera has nacido en el país que consideras tuyo y terminas dispuesto a jugarte la vida por otro. Pero el guion apenas consigue convertir esas cuestiones en personajes de verdad. Los diálogos son terribles. No suenan como personas hablando, sino como frases escritas para transmitir información al espectador. Los personajes se explican continuamente cosas que deberían conocer perfectamente, verbalizan sus sentimientos de manera artificial y en ocasiones parecen recitar un texto en lugar de mantener una conversación. Y las interpretaciones lo empeoran. Mucho. Hay escenas en las que los actores articulan cada palabra con tal rigidez que parece que estén leyendo delante de una clase. Falta naturalidad, falta reacción, falta química y, sobre todo, falta la sensación de que detrás de esos uniformes existan seres humanos. Eso resulta especialmente grave en una película de guerra. Si no me importan quienes están dentro de la trinchera, da igual lo bien construida que esté la trinchera. La dirección tampoco ayuda. Las escenas dramáticas tienen una planificación tremendamente elemental y las secuencias de acción revelan todavía más las limitaciones. No porque falten explosiones o figurantes, sino porque cuesta sentir espacio, peligro o auténtico caos. Hay momentos que deberían resultar violentos o angustiosos y terminan pareciendo una recreación histórica filmada desde demasiado cerca. Y eso es una pena, porque materialmente la película había hecho buena parte del trabajo difícil. Las trincheras están ahí. Los uniformes están ahí. Las armas están ahí. Falta convertirlo en cine. También me resulta especialmente pobre la manera en que aborda el patriotismo. La propia historia de Arthur Knaap tenía todos los ingredientes para preguntarse qué significa sentirse perteneciente a un país, a una cultura o incluso a una causa. Pero *Patria* lo simplifica tanto que termina pareciendo que el patriotismo consiste básicamente en afirmar que uno siente algo muy fuerte por una bandera y marcharse a combatir. Quería mucho más de esa contradicción. Porque es precisamente lo más interesante de la historia. La película procede de las cartas reales de Knaap, y eso debería haber proporcionado una extraordinaria intimidad. Sin embargo, incluso las voces y las cartas acaban muchas veces recitadas con tal rigidez que aquello que debería acercarnos al personaje consigue alejarlo todavía más. Ese es quizá el mayor fracaso de *Patria*. Tiene historia. Tiene documentación. Tiene esfuerzo. Tiene vestuario. Tiene localizaciones. Tiene incluso una razón perfectamente legítima para existir: contar un episodio poco conocido de la participación de neerlandeses en la Primera Guerra Mundial. Pero casi nunca tiene vida. Y no creo que eso pueda justificarse únicamente por disponer de poco dinero. Se pueden hacer películas enormes con presupuestos mínimos cuando existen escritura, dirección e interpretaciones capaces de sostenerlas. Aquí el dinero se nota donde falta. Pero el talento cinematográfico se echa de menos mucho más. (ENGLISH) Some small films are limited by their budget. Others have problems that money would not solve. *Patria* clearly belongs to the second group. It is obvious that Klaas van Eijkeren and his team made an enormous effort to recreate 1914 with extremely limited resources. Uniforms, weapons, trenches, locations and much of the period detail show far more work than one would normally expect from a production of this size. That deserves recognition. Unfortunately, a film cannot survive on costumes alone. And almost everything else fails. *Patria* actually starts from an interesting true story: young men connected to the Netherlands who, despite Dutch neutrality during the First World War and identities considerably more complicated than a simple nationality, choose to join the French Foreign Legion. There was a film here about identity. About belonging. About what a homeland really means when you were not even born in the country you consider your own and eventually become willing to risk everything for another. The screenplay barely turns those questions into believable human beings. The dialogue is awful. People rarely sound as though they are speaking naturally. They constantly explain information to each other, verbalize emotions in an artificial way and often appear to be reciting written material rather than having actual conversations. The performances make things worse. Much worse. There are scenes where every word is delivered with such rigid articulation that it feels closer to a classroom reading than acting. There is little spontaneity, chemistry or sense that actual people exist underneath the uniforms. That is particularly damaging in a war film. If I do not care about the people inside the trench, it does not matter how convincing the trench itself looks. The direction does not help either. Dramatic scenes are staged in an extremely basic way, while the action sequences reveal even more limitations. The problem is not simply the lack of money for explosions or extras, but the inability to generate space, danger or genuine chaos. Moments that should feel frightening often resemble a historical reenactment being filmed at close range. That is frustrating because the production had already completed much of the difficult physical work. The trenches are there. The uniforms are there. The weapons are there. What is missing is cinema. The treatment of patriotism is equally disappointing. Arthur Knaap's real story offered an excellent opportunity to explore what it means to belong to a country, a culture or even a cause. Instead, the film simplifies the idea until patriotism often seems to mean little more than declaring powerful feelings toward a nation and going off to fight. I wanted much more from that contradiction. It is the most interesting part of the story. The screenplay is based on Knaap's real letters, material that should provide intimacy and emotional detail. Yet even those passages are frequently delivered with such stiffness that they create distance instead. That may be *Patria*'s greatest failure. It has history. It has research. It has effort. It has costumes. It has locations. It even has a perfectly valid reason to exist: telling a largely forgotten story about Dutch involvement in the First World War. What it rarely has is life. And I do not think a tiny budget can explain all of that. Powerful films have been made with almost no money when writing, directing and performances were strong enough to carry them. Here, you notice where the money is missing. But you miss cinematic ability far more.














