

“Una nueva visión del terror.”
Maligno
Madison es una mujer que tiene unas macabras pesadillas que la dejan completamente paralizada. Aterrada por lo que ve en ellas, Madison no consigue dormir por las noches ni vivir por el día. Pero el terror cada vez se irá apoderando de ella cuando descubra que esas pesadillas no son sueños, sino que son hechos de la vida real.
Dirección
James Wan
Guion
Akela Cooper, James Wan
Estreno
2021-09-01
Duración
111 min
Clasificación
18
Presupuesto
$40M
Recaudación
$35M
Idiomas
English
Dónde verlo
Incluido en suscripción


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Datos de JustWatch vía TMDB · Disponibilidad en España
Sinopsis
Madison es una mujer que tiene unas macabras pesadillas que la dejan completamente paralizada. Aterrada por lo que ve en ellas, Madison no consigue dormir por las noches ni vivir por el día. Pero el terror cada vez se irá apoderando de ella cuando descubra que esas pesadillas no son sueños, sino que son hechos de la vida real.
Temas
Reparto principal
16 actores
Annabelle Wallis
Madison Mitchell

Maddie Hasson
Sydney Lake

George Young
Detective Kekoa Shaw

Michole Briana White
Detective Regina Moss

Susanna Thompson
Jeanne

Ingrid Bisu
Winnie

Jean Louisa Kelly
Jane Doe

Jake Abel
Derek Mitchell

Jacqueline McKenzie
Dr. Florence Weaver

Christian Clemenson
Dr. Victor Fields

Amir Aboulela
Dr. Gregory

Mercedes Colon
Mendez

Ruben Pla
Officer Rubin

Jon Lee Brody
Officer Lee

Paula Marshall
Beverly Woods

Zoë Bell
Scorpion
Reseñas
Marco-Hugo Landeta Vacas
agosto de 2026
(CASTELLANO) James Wan sabe hacer cine de terror. Precisamente por eso *Maligno* me ha resultado bastante más decepcionante. No estamos ante alguien que desconozca cómo crear tensión, mover una cámara o construir una imagen inquietante. Wan ha demostrado de sobra que sabe hacerlo. El problema aquí es otro: parece haber decidido meter en la misma película prácticamente todos los recursos, referencias y clichés que se le han ocurrido. Si tú piensas en uno mientras la ves, probablemente también esté. Casa enorme y oscura. Pasillos. Sombras. Luces que fallan. Figura que aparece al fondo. Visiones. Investigación policial. Trauma del pasado. Secretos familiares. Hospitales con aspecto siniestro. Fotografías y expedientes que esconden respuestas. Personajes que tardan demasiado en comprender cosas bastante evidentes. Y, por supuesto, una protagonista que parece saber bastante menos de su propia vida de lo que sabe la película. Todo está ahí. Durante buena parte del metraje, además, Wan utiliza estos elementos con absoluta seriedad. Y ese es uno de los motivos por los que me he aburrido bastante. Porque antes de que *Maligno* empiece a mostrar realmente qué quiere ser, hay que atravesar una larga sucesión de mecanismos que hemos visto cientos de veces. Wan los rueda mejor que muchos otros directores, pero reconocer un cliché perfectamente fotografiado no deja de ser reconocer un cliché. Visualmente sí hay cosas interesantes. La cámara se desplaza por la casa con una facilidad impresionante, algunos planos cenitales son muy buenos y existe una estilización deliberada que poco a poco empieza a anunciar que quizá no estemos ante la película convencional que parecía al principio. Y efectivamente no lo estamos. Sin entrar en aquello que conviene descubrir viendo la película, llega un momento en que *Maligno* cambia completamente de naturaleza y abraza el disparate. Ahí entiendo perfectamente que tenga tantos defensores. Wan mezcla giallo, slasher, terror sobrenatural, monstruosidad corporal y espíritu de serie B como si hubiera decidido vaciar varias décadas de videoclub encima de la mesa y quedarse con todo. El problema es que a mí ese giro no me compensa lo anterior. Que una película termine siendo conscientemente absurda no convierte automáticamente en entretenida la hora que ha tardado en llegar hasta allí. Y tampoco significa que cualquier exceso funcione simplemente porque sea intencionado. El tramo final tiene energía. Mucha. De repente aparecen movimientos, violencia e imágenes que parecen pertenecer a otra película. Wan se libera completamente de cualquier obligación de resultar verosímil y convierte aquello en un espectáculo desaforado. Es probablemente lo mejor de *Maligno*. Pero también confirma mi principal problema con ella. La película que más me interesa aparece demasiado tarde. Hasta entonces había estado viendo una historia de terror llena de convenciones conocidas que parecía convencida de estar creando misterio simplemente retrasando información. Y misterio no es lo mismo que ocultar cosas. También hay una mezcla tonal extraña. Puedo aceptar perfectamente que Wan quiera hacer una película deliberadamente excesiva, incluso ridícula. El terror tiene una magnífica tradición de películas que funcionan precisamente porque llevan sus ideas hasta lugares imposibles. Pero para que eso funcione necesito entrar en el juego. Aquí nunca terminé de entrar. Quizá porque la primera mitad me pidió que me tomara demasiado en serio una historia que después quería que disfrutara como una locura. Quizá porque había visto demasiadas veces casi todos sus trucos. O simplemente porque me aburrí antes de que llegara la película que Wan realmente quería hacer. Reconozco la imaginación del concepto. Reconozco el estilo visual. Reconozco también que un gran director de género puede permitirse hacer algo tan libre, extraño y conscientemente exagerado. Pero reconocer lo que pretende una película no obliga a disfrutarlo. *Maligno* quiere ser muchas cosas a la vez. Giallo. Slasher. Terror sobrenatural. Body horror. Serie B. Thriller policial. Y una gran broma macabra para quien conozca todos esos géneros. A algunos esa acumulación les parecerá una fiesta. A mí me pareció principalmente una película llena de cosas que ya había visto, esperando demasiado tiempo para enseñarme la única que realmente podía sorprenderme. (ENGLISH) James Wan knows how to make horror films. That is precisely why *Malignant* disappointed me so much. This is not a director who does not know how to create tension, move a camera or construct an unsettling image. Wan has proved all of that many times. The problem here is different: he seems determined to put almost every horror device, reference and cliché he can think of into the same movie. Think of one while watching. It is probably there. Dark house. Hallways. Shadows. Failing lights. Figures in the background. Visions. Police investigation. Past trauma. Family secrets. Sinister hospitals. Files and photographs containing answers. Characters taking too long to understand fairly obvious things. Everything is included. For much of the running time, Wan presents these elements with complete seriousness. That is one reason I found the film surprisingly boring. Before *Malignant* finally reveals what kind of movie it actually wants to be, we have to sit through a long succession of mechanisms we have seen countless times before. Wan shoots them better than many filmmakers would, but a beautifully photographed cliché remains a cliché. Visually, there are certainly impressive moments. The camera moves through the house effortlessly, some overhead shots are excellent, and the increasingly exaggerated style gradually suggests that perhaps this is not the conventional horror movie it initially appears to be. And eventually, it certainly is not. Without revealing something that is better discovered while watching, *Malignant* reaches a point where it completely changes character and embraces the absurd. I can understand why that has earned the film so many devoted fans. Wan throws together giallo, slasher, supernatural horror, body horror and B-movie energy as though he emptied several decades of video-store horror onto a table and decided to keep everything. My problem is that this shift does not compensate for everything before it. A movie becoming intentionally absurd does not automatically make the long journey toward that point entertaining. And excess is not automatically successful simply because it is deliberate. The final stretch has tremendous energy. Suddenly, movement, violence and imagery seem to belong to another movie. Wan abandons almost any obligation toward plausibility and turns the film into an outrageous spectacle. It is probably the best part of *Malignant*. But it also confirms my main problem. The movie I find most interesting arrives far too late. Until then, I had been watching a horror story overloaded with familiar conventions, apparently convinced that delaying information was enough to create mystery. It is not. The tonal mixture is also difficult. I have no problem with Wan making something deliberately excessive or even ridiculous. Horror has a long tradition of wonderful films that work precisely because they take their ideas somewhere outrageous. But I need to enter the game. Here, I never really did. Perhaps the first half asks me to take too seriously a story the second half wants me to enjoy as madness. Perhaps I had already seen too many of its tricks. Or perhaps I was simply bored before the movie Wan really wanted to make finally appeared. I can admire the concept. I can admire the visual confidence. I can even admire a major genre director choosing something this strange and unrestricted. Understanding what a film is trying to do, however, does not require enjoying it. *Malignant* wants to be everything at once. For some viewers, that accumulation is a party. For me, it was mostly a collection of things I had already seen, taking far too long to reach the one thing that might genuinely surprise me.
Producción















