

El año en que empecé a masturbarme
Hanna, una mujer ambiciosa, quiere tener otro hijo antes de que sea demasiado tarde, pero su novio rompe inesperadamente con ella y su mundo se derrumba. Hanna empieza a darse cuenta de que puede estar persiguiendo las cosas equivocadas en la vida.
Dirección
Erika Wasserman
Guion
Erika Wasserman, Christin Magdu
Estreno
2022-10-21
Duración
101 min
Idiomas
Dansk, svenska
Dónde verlo
Incluido en suscripción


Datos de JustWatch vía TMDB · Disponibilidad en España
Sinopsis
Hanna, una mujer ambiciosa, quiere tener otro hijo antes de que sea demasiado tarde, pero su novio rompe inesperadamente con ella y su mundo se derrumba. Hanna empieza a darse cuenta de que puede estar persiguiendo las cosas equivocadas en la vida.
Reparto principal
16 actores
Katia Winter
Hanna

Jesper Zuschlag
Morten

Nour El Refai
Carolin

Henrik Dorsin
Staffan

Bahar Pars
Leyla

Vera Carlbom
Liv

Hannes Fohlin
Adam

Siw Erixon
Eva
Antonio Di Ponziano
Marco

Pablo Leiva Wenger
Ali

David Wiberg
Ola

Sara Shirpey
Asrin

Albin Grenholm
Petter

Disa Östrand
Louise
Amadeus Durmaz
Eli
Hulda Sveindís Jóhannesdóttir
Singing Course Teacher
Reseñas
Marco-Hugo Landeta Vacas
julio de 2026
(CASTELLANO) El año en que empecé a masturbarme me ha encantado. Me parece una pequeña joya, una de esas películas que parecen ligeras, sencillas y hasta algo disparatadas, pero que van tocando todos los puntos necesarios para construir una historia mucho más completa de lo que aparenta. Hanna se acerca a los cuarenta convencida de que su vida está bastante bien organizada. Tiene pareja, un hijo, un buen trabajo y planes muy claros para el futuro. El problema es que casi todo ese equilibrio depende de que ella siga avanzando, resolviendo, produciendo y cumpliendo expectativas. Cuando su relación se rompe y el resto de su vida empieza a desmoronarse, descubre que llevaba demasiado tiempo funcionando para los demás sin preguntarse qué quería realmente. La película podía haber tomado el camino más fácil. Podía convertir la ruptura en una simple comedia romántica, presentarle a un hombre perfecto y terminar con Hanna reconstruyendo exactamente la misma vida con otra persona. Pero no lo hace. Y ahí está una de sus mayores virtudes. El crecimiento del personaje no consiste en encontrar una pareja mejor ni en recuperar todo lo que tenía. Consiste en dejar de vivir como si tuviera que demostrar constantemente que es una buena madre, una gran profesional, una pareja perfecta y una mujer capaz de controlarlo todo. Hanna no necesita convertirse en alguien distinta. Necesita aceptar que ya tiene valor sin estar siempre rindiendo examen. Katia Winter está maravillosa. No solo es guapísima, sino que sabe llevar un personaje con muchísimos matices. Hanna puede ser inteligente, egoísta, divertida, irresponsable, vulnerable, ambiciosa y completamente desorientada en cuestión de minutos. Winter consigue que todo eso pertenezca a la misma persona. Lo mejor es que no intenta hacerla adorable todo el tiempo. Hanna se equivoca muchísimo, toma decisiones absurdas y a veces resulta difícil defenderla. Pero nunca deja de parecer humana. Incluso en sus peores momentos se entiende que está intentando agarrarse a algo después de descubrir que la vida que daba por segura ya no existe. El título puede hacer pensar que la masturbación será el centro absoluto de la historia, pero en realidad funciona como una parte de algo mucho mayor. No se trata únicamente de placer sexual, sino de aprender a escucharse, a dejar de depender de la mirada de los demás y a aceptar que cuidarse no es egoísmo. La película habla también del trabajo, la maternidad, la amistad, la pareja y esa presión constante por tener una vida que parezca exitosa desde fuera. Hanna ya había conseguido muchas de las cosas que supuestamente debía desear, pero no por eso era libre ni estaba satisfecha. El derrumbe termina obligándola a revisar todo. Me gusta mucho el tono. Tiene humor, situaciones incómodas, momentos absurdos y escenas muy emotivas, pero no se convierte ni en una comedia frívola ni en un drama solemne. Se permite reírse del caos sin burlarse del dolor del personaje. También agradezco que no cierre la historia de una manera edulcorada. Una película americana probablemente habría intentado ordenar cada pieza, reconciliar a todo el mundo y premiar a Hanna con una nueva vida perfecta. Aquí no. Las consecuencias permanecen, no todo se soluciona y su crecimiento no borra las pérdidas. Precisamente por eso el final funciona. No porque todo vaya bien, sino porque Hanna ya no está esperando que otra persona le diga quién debe ser. Sigue teniendo problemas, dudas y heridas, pero empieza a relacionarse consigo misma de otra forma. El año en que empecé a masturbarme es divertida, tierna, sincera y mucho más inteligente de lo que su título puede hacer pensar. Habla de sexo, sí, pero sobre todo de identidad, autoestima y del derecho a dejar de vivir para cumplir expectativas ajenas. Una pequeña joya maravillosa, sostenida por una Katia Winter absolutamente encantadora y capaz de dar verdad a cada contradicción de Hanna. (ENGLISH) I loved The Year I Started Masturbating. It is a small gem, one of those films that initially seems light, simple and slightly outrageous, yet gradually touches every element needed to build a much richer story. Hanna is approaching forty and believes her life is reasonably well organized. She has a partner, a child, a successful career and clear plans for the future. The problem is that this balance depends on her constantly moving forward, solving problems and meeting expectations. When her relationship ends and the rest of her life begins to collapse, she realizes how long she has been living for everyone except herself. The film could easily have followed the most predictable path. It could have turned the breakup into a conventional romantic comedy, introduced a perfect new man and ended with Hanna rebuilding exactly the same life with someone else. Thankfully, it refuses to do that. Her growth is not about finding a better partner or recovering everything she lost. It is about no longer feeling required to prove that she is a perfect mother, employee, partner and woman who can control everything. Hanna does not need to become someone else. She needs to understand that she already has value without constantly performing. Katia Winter is wonderful. She is not only beautiful, but extremely skilled at carrying a character with so many layers. Hanna can be intelligent, selfish, funny, irresponsible, vulnerable, ambitious and completely lost within the same sequence, and Winter makes all of it belong to one recognizable person. The film does not force us to love Hanna at every moment. She makes terrible decisions and can be very difficult to defend. Yet she always feels human, someone trying to hold onto something after discovering that the life she considered secure no longer exists. Despite the title, masturbation is not the entire point. It becomes part of something larger: learning to listen to herself, to stop depending on other people’s approval and to understand that self-care is not selfishness. The film also explores work, motherhood, friendship, relationships and the pressure to create a life that looks successful from the outside. Hanna already had many of the things she was supposed to want, but that did not make her free or fulfilled. I also appreciated the ending. It does not soften everything or repair every relationship. The consequences remain, not every problem disappears and Hanna’s growth does not erase what she has lost. The Year I Started Masturbating is funny, tender and much more intelligent than its title may suggest. It is about sex, but even more about identity, self-worth and the right to stop living according to everyone else’s expectations. A wonderful little gem, carried by a superb Katia Winter.
Producción














