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El juego del calamar

Juegos, premios y desafios letales...

El juego del calamar

7.9/10 · 17.687 votos
2021· 3 temp. · 22 ep.16Finalizada

Cientos de personas con problemas de dinero aceptan una invitación rarísima para competir en juegos infantiles. Dentro los esperan un tentador premio y desafíos letales.

Red

Netflix

Estreno

2021-09-17

Último ep.

2025-06-27

Clasificación

16

Idioma orig.

오징어 게임

Idiomas

English, 한국어/조선말, اردو

Dónde verlo

Incluido en suscripción

Netflix
Netflix Standard with Ads

Datos de JustWatch vía TMDB · Disponibilidad en España

Temporadas

Sinopsis

Cientos de personas con problemas de dinero aceptan una invitación rarísima para competir en juegos infantiles. Dentro los esperan un tentador premio y desafíos letales.

Creado por

Hwang Dong-hyuk

Temas

Reparto principal

16 actores

Reseñas

M

Marco-Hugo Landeta Vacas

julio de 2025

10/10

(CASTELLANO) El juego del calamar comenzó como un puñetazo directo al estómago. Su primera temporada impactó al público con una mezcla explosiva de violencia, crítica social y personajes tan extremos como reconocibles. Más allá del morbo de sus pruebas mortales, lo que atrapaba era la manera en que hablaba de deudas, desesperación y humanidad. No era solo entretenimiento; era una llamada de atención disfrazada de espectáculo. La segunda temporada optó por expandir el universo, con nuevos escenarios y más capas sobre el sistema que sostiene el juego. Perdió parte del factor sorpresa, sí, pero supo compensarlo con una trama más ambiciosa y una puesta en escena aún más elaborada. Algunas decisiones narrativas fueron discutibles, pero no se puede negar que seguía siendo adictiva, incómoda y, en ciertos momentos, brillante. La tercera temporada, por su parte, cerró la historia con contundencia. Fue más cruda, más introspectiva, y no tuvo miedo de incomodar o hacer daño. Aunque para algunos espectadores la serie ya había perdido frescura, lo cierto es que esta última entrega remata con inteligencia y una mirada aún más pesimista sobre el ser humano. El guion se atrevió a ir a fondo en la psicología de sus personajes, sin red de seguridad. Lo interesante de El juego del calamar es que, incluso en sus momentos más flojos, mantiene una coherencia tonal y temática que muchas otras series envidiarían. La violencia no es gratuita, aunque sea brutal. Las decisiones estéticas no son solo visuales, sino narrativas. Cada plano, cada uniforme, cada silencio está cargado de intención. Esa constancia es uno de sus mayores logros. Como trilogía, funciona. Puede que no todas las piezas estén al mismo nivel, pero el conjunto tiene fuerza, voz propia y un discurso que incomoda, que remueve. Lo mejor es que, al verla completa, se entiende mejor lo que quería decir su creador desde el principio: que el juego no es una ficción, sino una metáfora dolorosamente cercana. En resumen, El juego del calamar no solo ha sido un fenómeno de masas, sino una de las propuestas más provocadoras y coherentes que ha ofrecido la televisión en la última década. Aunque el primer impacto ya no se repita, el poso que deja es profundo, incómodo y muy difícil de olvidar. (ENGLISH) Squid Game started as a gut punch. Its first season shocked audiences with an explosive mix of violence, social critique, and characters as extreme as they were relatable. Beyond the morbid appeal of deadly trials, what really gripped viewers was how it spoke of debt, desperation, and humanity. It wasn’t just entertainment; it was a wake-up call disguised as a spectacle. Season two chose to expand the universe, introducing new settings and more layers around the system behind the games. It lost some of the surprise factor, sure, but made up for it with a more ambitious plot and even more elaborate visuals. Some narrative decisions were debatable, but the show remained addictive, unsettling, and at times, brilliant. The third season brought a powerful close. It was rawer, more introspective, and unafraid to make viewers uncomfortable. While some felt the freshness had faded, this final act managed to land with intelligence and an even darker view of human nature. The writing dove deep into the psychology of the characters, without holding back. What makes Squid Game remarkable is that even in its weaker moments, it maintains a consistent tone and message. The violence isn’t gratuitous—it's brutal, yes, but always purposeful. The aesthetics serve the narrative. Every shot, uniform, and silence carries meaning. That consistency is one of the show’s greatest strengths. As a trilogy, it works. Not every part hits the same, but together, the show holds weight, a clear voice, and a message that stings. Watching the full arc, you begin to understand what the creator meant all along: that the game isn’t fiction, but a painfully close metaphor. In short, Squid Game hasn’t just been a global hit—it’s one of the boldest, most coherent, and provocative series television has seen in years. The initial shock may not return, but the aftertaste it leaves is lasting, uncomfortable, and hard to shake.

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