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Midsommar

Que comiencen las festividades.

Midsommar

7.1/10 · 8341 votos
2019· 148 min18

Una pareja estadounidense que no está pasando por su mejor momento acude con unos amigos a un festival de verano que se celebra cada noventa años en una aldea remota de Suecia. Lo que comienza como unas vacaciones de ensueño en un lugar en el que el sol no se pone nunca, poco a poco se convierte en una oscura pesadilla cuando los misteriosos aldeanos les invitan a participar en sus perturbadoras actividades festivas.

IMDb ↗

Dirección

Ari Aster

Guion

Ari Aster

Estreno

2019-07-03

Duración

148 min

Clasificación

18

Presupuesto

$9M

Recaudación

$48M

Idiomas

English, svenska

Dónde verlo

Incluido en suscripción

Amazon Prime Video
Amazon Prime Video with Ads
AMC Channels Amazon Channel
Shadowz Amazon Channel

Alquiler

Google Play Movies

Compra

Google Play Movies

Datos de JustWatch vía TMDB · Disponibilidad en España

Sinopsis

Una pareja estadounidense que no está pasando por su mejor momento acude con unos amigos a un festival de verano que se celebra cada noventa años en una aldea remota de Suecia. Lo que comienza como unas vacaciones de ensueño en un lugar en el que el sol no se pone nunca, poco a poco se convierte en una oscura pesadilla cuando los misteriosos aldeanos les invitan a participar en sus perturbadoras actividades festivas.

Temas

Reparto principal

16 actores

Reseñas

M

Marco-Hugo Landeta Vacas

agosto de 2026

8/10

(CASTELLANO) *Midsommar* empieza ya con mal rollo. Muchísimo. La música del principio, la manera en la que Ari Aster coloca la cámara y lo que sucede antes incluso de que la película llegue a Suecia generan una angustia enorme. No necesitas que aparezca ningún monstruo. Desde los primeros minutos ya sabes que vas a entrar en un sitio emocionalmente horrible. Y luego la película cambia completamente de aspecto. Pasamos de espacios oscuros y cerrados a un lugar luminoso, abierto, casi precioso. Campos verdes, flores, vestidos blancos, comida al aire libre, canciones, bailes. Todo parece diseñado para transmitir tranquilidad. Y precisamente por eso resulta todavía más inquietante. Aster consigue algo difícil: hacer terror casi siempre a plena luz del día. Aquí no hay un pasillo oscuro que te avise de que algo malo está a punto de ocurrir. El horror sucede delante de todos, bajo el sol, rodeado de personas que sonríen y lo consideran completamente normal. Eso es lo que más me ha perturbado. Las ceremonias son una locura total. Costumbres absolutamente trastornadas de uno de esos pueblos que parecen imposibles, como si hubieran permanecido aislados durante siglos desarrollando sus propias reglas y nadie hubiera pensado jamás en preguntar si quizá estaban completamente chalados. Y lo peor es la normalidad con la que lo viven. Cuando ocurre algo brutal, la reacción de la comunidad puede resultar todavía más inquietante que lo que acabamos de ver. No existe sorpresa porque, para ellos, aquello forma parte de un orden perfectamente lógico. Tú estás horrorizado mientras ellos continúan como si acabaran de realizar cualquier ceremonia cotidiana. Florence Pugh está extraordinaria. Dani llega completamente destrozada emocionalmente y la película utiliza ese estado para convertir todo lo que sucede después en algo todavía más incómodo. Su relación con Christian está agotada mucho antes del viaje. Él parece incapaz de saber cómo estar con ella y, al mismo tiempo, tampoco tiene el valor suficiente para marcharse. Por eso *Midsommar* funciona también como la historia de una pareja que lleva demasiado tiempo muriéndose. La comunidad encuentra precisamente las grietas que existen entre ellos. Frente a la distancia emocional de Christian, Dani descubre un grupo que aparentemente comparte su dolor, llora con ella y la integra. Claro que ese abrazo colectivo forma parte de algo bastante más siniestro. La película juega constantemente con esa contradicción: todo es hermoso y todo está mal. Los colores son preciosos. La fotografía es espectacular. Los paisajes parecen sacados de una postal. Y mientras tanto estás esperando la siguiente barbaridad. Hay además momentos de violencia física muy duros. Aster no necesita llenar la película de sangre continuamente. Le basta con colocar determinadas imágenes en el momento adecuado y dejar que se queden en la cabeza. Algunas son difíciles de olvidar. La música ayuda muchísimo. Bobby Krlic construye un ambiente que puede sonar ceremonial, triste, extraño o directamente amenazante. Desde el inicio contribuye a que exista esa sensación de que algo terrible está flotando sobre la película incluso cuando aparentemente no pasa nada. Es verdad que dura bastante y que algunas ceremonias podrían haberse reducido. Hay momentos en los que Aster parece tan fascinado por el universo que ha creado que quiere enseñarnos cada tradición, cada símbolo y cada ritual. Pero también entiendo esa insistencia. Cuanto más tiempo pasamos allí, más dejamos de ver a la comunidad como un decorado extraño y empezamos a comprender que todo funciona según una lógica interna perfectamente establecida. Una lógica completamente demente, pero lógica para ellos. Y eso es quizá lo más inquietante de *Midsommar*. No estamos ante personas que crean estar haciendo el mal. Están convencidas de estar haciendo exactamente lo correcto. La película termina convirtiéndose en una experiencia extraña, desagradable, hipnótica y por momentos incluso absurda. Hay escenas ante las que uno casi no sabe si sentirse horrorizado o reír por lo imposible de la situación. Pero nunca deja de incomodar. Desde esa música inicial y ese comienzo devastador hasta las ceremonias finales, *Midsommar* mantiene una sensación de angustia difícil de quitarse de encima. Una locura total. Y una película de terror que demuestra que para dar miedo no hace falta apagar la luz. (ENGLISH) *Midsommar* feels wrong from the very beginning. The opening music, Ari Aster’s camera and what happens before the film even reaches Sweden create an enormous sense of anxiety. No monster is required. Within minutes, you already know you are entering an emotionally horrible place. Then the film completely changes its appearance. Dark, enclosed spaces give way to something bright, open and almost beautiful. Green fields, flowers, white clothes, outdoor meals, songs and dances. Everything seems designed to suggest peace. Which makes it even more disturbing. Aster manages something difficult: creating horror almost entirely in daylight. There is no dark corridor warning us that something terrible is coming. Horrific things happen openly, under the sun, surrounded by smiling people who consider them completely normal. That is what disturbed me most. The ceremonies are absolutely insane. These are the kind of deeply twisted traditions that seem to belong to an impossible village, a community that might have spent centuries isolated from the rest of the world developing its own rules without anybody stopping to ask whether everyone involved had completely lost their minds. And the worst part is how normal everything feels to them. When something brutal happens, the community’s reaction can be even more unsettling than the event itself. There is no surprise because, for them, it belongs to a perfectly logical order. You are horrified while they simply continue with the ritual. Florence Pugh is extraordinary. Dani arrives emotionally shattered, and the film uses that condition to make everything that follows even more uncomfortable. Her relationship with Christian is exhausted long before the trip. He does not know how to support her, but he also lacks the courage to leave. In that sense, *Midsommar* is also the story of a relationship that has been dying for a long time. The community finds exactly the cracks between them. Against Christian’s emotional distance, Dani discovers a group that appears to share her grief, cry with her and accept her. Of course, that collective embrace belongs to something far more sinister. The film constantly plays with that contradiction: everything is beautiful and everything is wrong. The colours are gorgeous. The cinematography is stunning. The landscapes could belong on a postcard. And all the while you are waiting for the next atrocity. There are also moments of extremely harsh physical violence. Aster does not need constant gore. He places particular images at exactly the right moment and lets them remain in your head. Some are very difficult to forget. The music is crucial. Bobby Krlic creates something ceremonial, mournful, strange and sometimes openly threatening. From the opening, it helps maintain the feeling that something terrible is hanging over the film even when apparently nothing is happening. The film is long, and some ceremonies could probably have been shortened. At times Aster seems so fascinated by the world he has created that he wants to show every tradition, symbol and ritual. But that insistence also has a purpose. The longer we stay there, the less the community feels like a strange backdrop and the more we understand that everything operates according to an established internal logic. A completely insane logic, but logical to them. That may be the most disturbing thing about *Midsommar*. These people do not believe they are doing anything evil. They are convinced they are doing exactly what should be done. The result is strange, unpleasant, hypnotic and occasionally so absurd that you almost do not know whether to laugh or feel horrified. But it never stops being uncomfortable. From that dreadful opening and its music to the final ceremonies, *Midsommar* maintains an anxiety that is very difficult to shake. Absolute madness. And proof that horror does not need darkness to be terrifying.

Producción

B-Reel Films
Square Peg

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